#Concurso: GRACIAS EN TIEMPOS DE PANDEMIA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★

Imagen: Pixabay


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En tiempos de crisis, de guardar pan para mayo y de reajustes en las canastas básicas de cada ciudadano peruano frente a una de las pandemias más grandes de la historia; surgen las grandes cuestiones. Ser agradecido con lo que nos toca, valorar la compañía de nuestros seres queridos, la comida que esta sobre nuestras mesas y los servicios básicos para pasar la cuarentena. Porque es un lujo tener acceso a las redes sociales y una cuenta de netflix para pasar el rato; mientras algunos peruanos privilegiados celebran su tele trabajo desde la comodidad de sus casas, compran víveres por montones y acaparando todos los centros de abastos, se conectan sin problema a plataformas virtuales para recibir clases, para otras personas, en cambio, es una pesadilla más; salir cada día bajo las prohibiciones del estado a rebuscar un pan, pensar en que ahora tienen que pagar para cuidar a los hijos, que tienen que dejar por salir a buscar el sustento económico o llevarlos consigo, es pensar en alargar más la quincena o los ahorros.


Una de las consecuencias de estar encerrado es el estrés, la ansiedad, y ataques de pánico. Producto del estrés surgen diversas dolencias, entre ellas, los dolores musculares, las fatigas crónicas y las migrañas. Todo esto estaba padeciéndolo, durante los posteriores días a la cuarentena, hacia un recuento de mis dolencias y mis experiencias fallidas de sobrevivir al toque de queda, le comenté a mi madre:


El año pasado tuve una cirugía y me removieron parte del útero. Tuve que quedarme en casa para recuperarme por un largo tiempo. También, cumplí 25 años, haciéndome más vieja cada año y perdiendo la elasticidad de un cuerpo que va acostumbrándose a sus años. Permanecí un año de mi vida, en un trabajo, donde el clima laboral era muy toxico, y no hacía más que levantarme y esperar ansiosamente que el día termine. Casi en paralelo, tuve que contarles a mis padres que aún no acababa la universidad y que por ende iba tomar un tiempo culminar mis estudios. Y mi mama tuvo un pre infarto y estuvo hospitalizada durante varias semanas. Me quede sin trabajo y dependiendo económicamente de mis padres. Al final le dije: “si, el año fue terrible!


Cuando terminé de contarle la fatalidad de mi año, me encontré triste y meditabunda, a lo que ella solo atinó a decirme: “tu año no fue malo”. Esta es mi versión de tu año: “el año pasado, finalmente pude deshacerme de un pedazo de útero que estaba causándome mucho daño, después de pasar por mucho dolor. También cumplí 25 años con buena salud y luego de un año de intenso aprendizaje en una gran empresa, me retiré dando espacio a otros compañeros para utilizar mi tiempo en mis estudios y en mi recuperación, tiempo valioso con mi familia, que ahora podía verla y comer en compañía de todos ellos; realizar obras de caridad, rezar y pasar tiempo con mis amigos.


También el mismo año, mi madre, a los 63 años, sin depender de nadie y sin ninguna condición crítica pudo recuperarse de sus problemas de salud y salió adelante de un pre infarto. Y el mismo año, pude abrirme con mis padres, mostrándome como un ser humano que puede cometer errores, que puede equivocarse, pero que jamás perderá el objetivo principal, de culminar sus estudios. Encontrando la ayuda absoluta y el apoyo incondicional en mis padres, culminando la conversación ella dijo: “si, fue un año de ¡inmensa bendición de Dios!


En ambas versiones se describían los mismos hechos. Pero la interpretación fue distinta. En consecuencia, si reflexionamos bien sobre lo que nos sucede, terminamos agradeciendo muchas situaciones que, con un afán pesimista, veremos negativamente. Cuando uno se preocupa demasiado por lo que no tiene o porque sufre, le resta atención e importancia a lo que uno si tiene y olvida todo lo que dios le ha regalado. No es la felicidad lo que nos hace agradecidos, sino el agradecimiento el que nos hace felices.


Hay que recordar que siempre tenemos motivos de sobra para agradecer. Un nuevo día de vida, para empezar y al final agradecerlo por haber terminado. Porque cuando las cosas cambian de un momento a otro, cuando el odio puede superar al amor, cuando los corazones se abran a una declaración de amor, solo entonces habrá valido la pena todos estos distanciamientos y las demostraciones de amor prohibidas, los amores negados, las treguas de amistad, nos hayan servido de algo. Cuando ya no queda nada más que decir adiós, podemos decir que hemos aprendido, que un virus nos cambió el chip y que podemos ser mejores personas. En la vida, uno elige como escribir el guion



Autora: Diana Alejandra Guevara.


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