#Concurso: LA LLAMADA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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—Hola abuela, ¿Cómo te va? —


—Hola, corazón, ¿y ese milagro que te acuerdas de mí? — responde con afecto a pesar de mi ausencia de años.


—Todo bien, querida abue, pensaba en ti y quise llamarte—.


—Me alegra que lo hicieras, ¿Cómo llevas la cuarentena, hijo mío? — pregunta siempre atenta al bienestar de los otros.


—Todo bien, abu. Tranquilo porque no hay adonde escapar— le digo con humor.


— ¿Qué pasó, mi corazón? ¿Ya no estás casado? — responde con esa facultad para leer la mente.


—Me divorcié hace algunos años; pero no quise contarte para no ponerte triste. Sabes que me gusta llevar la procesión por dentro—.


—Al contrario, hijo mío, estoy contenta porque te siento libre. No soy buena dando consejos; pero me considero sabia y una vez te dije: Esa mujer no te conviene, porque solo te quiere por la candela— dice haciéndome entrar en reflexión y recordando la vez que lo mencionó.


—El tiempo te dio la razón y lamento todo lo que ocurrió por culpa de ese matrimonio— le digo con melancolía.


—No tienes que pedir disculpas, solo aprender a no cometer los mismos errores— responde con seriedad como si estuviera en frente.


—La cuarentena me ha hecho pensar en todo lo que tuviste que vivir por culpa mía. Jamás quise que te fueras de la casa, es solo que…


—Tenías una esposa y una familia, ellos merecían todo tu consentimiento. Yo te entiendo, corazón. Nadie quiere a una vieja molesta en su hogar— termina la oración con serenidad pero yo siento melancolía en mi interior.


—No llores, por favor. Ya bastante tenemos con todos los que lloran esperando a sus familias en los hospitales por culpa de este virus del demonio— dice con sabiduría.


—Me hubiera gustado que estés en el cumpleaños de Mateo y en el mío para probar tu sazón de ensueño como cuando era niño— le digo sin poder contener las lágrimas.


—Ya habrá momento para volver, corazón; bien dices que ya no está tu mujer que tanto decía odiarme sin que yo le hubiera hecho algo. Es que a veces la gente odia por celos o envidia o simplemente porque están vacíos e intentan llenarse de rabia— comenta con tranquilidad y siento como si acariciara mis cabellos como lo hacía cada vez que quería hacerme dormir.


—Me haces toda la falta del mundo, en especial en días como estos que Mateo no quiere comer y mi mujer se ha encerrado con su amante. Como quisiera que estuvieras, abue de mi vida, para que nos acompañes en esta cuarentena que cada vez nos vuelve más vulnerables— le digo dejando la angustia a un lado.


—Mi querido Mateo, tan grande y tan tierno, además de listo, ojalá pudiera abrazarlo otra vez. Desde que me fui no he podido mirarlo, ni siquiera una foto me haz mandado. Y sí, los extraños muchísimo tanto que haría un puente de aquí hasta allá usando mis sentimientos.


—Abuela, ¿y si te vienes a vivir con nosotros? La casa es amplia, tenemos una habitación lista y nos falta tu presencia, te aseguro que haremos lo posible y lo imposible porque te sientas como en casa, te queremos aquí otra vez como los tiempos pasados en donde preparabas la cena y nos contabas cuentos acerca de tu vida durante esas guerras mundiales y un supuesto romance con un soldado Nazi y por eso el apellido que tenemos—.


La abuela suelta una risa particular.


—No fue un Nazi, sino uno de los nuestros de origen teutón— responde de inmediato y prosigue: Espero que me hagan un espacio como el que tenía, un cuadro para mi silla con ruedas, un termo para mi mate y un par de panes por la tarde, no pido más y les prometo dar la receta de la sopa bendita—.


—Es una brillante idea, entonces, ¿termina la cuarentena y pasamos a buscarte? Deja ese albergue y ven con nosotros. Queremos reivindicarnos, yo sobre todo, que nunca debí dejarte de lado—.


—Ya deja de lamentarte corazón. Te dije que no fue tu culpa, esa mujer te manipuló y me trajeron aquí; pero la pasé bien aunque extrañé; hice amigas que ya no están y aunque casi llego a los cien tengo un solo anhelo en mente—.


— ¿Cuál es, querida abue? —


—Pasar mi cumpleaños con ustedes— dice con cierta alegría.


— ¡Por supuesto! Es en mayo, lo recuerdo. El quince para ser exactos— le digo emocionado.


—Entonces, hijo mío, que culmine la cuarentena y los espero con mi mejor vestido, uno similar al que me casé solo que este me queda mejor— comenta con gracia.


—Ahí estaremos. Te adoro, abuelita—.


—Y yo a ti, corazón. Gracias por llamar, debo descansar—.


—Dulces noches, abue—.


Mi abuela murió esa noche, en ningún momento mencionó su grave enfermedad, el virus presente la atacó en el albergue y los hospitales estaban repletos, lo único que quería era soñar con volver.


Y así fue. La sentí acariciar mi piel al dormir



Autor: Gonzalo Perez Espinoza.



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