#Concurso: MURIENDO LENTAMENTE


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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La costumbre de la rutinaria vida laboral, nos lleva a tener un tiempo ajustado con la familia, tanto durante los días de semana, como los sábados y domingos; muchos pueden pensar, y me incluía, que tan poco tiempo en familia y mucho tiempo en el trabajo no era lo adecuado para un correcto fortalecimiento de los lazos internos, pero en parte me equivocaba.


Esta cuarentena me está dando a entender que por más que ame a los integrantes de mi núcleo, realmente el poco tiempo que nos veíamos durante la semana era más saludable para nosotros que estando todos confinados en casa durante ya más de un mes, y me imagino que la vida en distintas familias debe ser similar, especialmente si no hay hijos pequeños o mascotas con los que se pueda desestresar las emociones.


Siendo yo una persona que detesta los conflictos y a la vez alguien que detesta las injusticias, siempre llevaba una batalla interna mientras trataba de hacer que las cosas se llevaran en paz en casa, pero no me malinterpreten, aquí, de alguna u otra manera todos nos amamos, pero las asperezas e intolerancias estaban, literalmente, a la orden del día.


No me siento muy bien al escribir sobre mi familia, particularmente porque me toca exponer cosas que no quiero exponer, pero dadas las circunstancias me sirve bien para poder introducir mejor el rollo de esta narración.


Como deben saber, la vivencia dentro de un apartamento, va más allá de una saludable convivencia con los miembros del hogar, si no también con tener que lidiar indirectamente, con la vida de los vecinos. Gran parte de esta cuarentena me tiene con los audífonos puestos, pues tenemos vecinos difíciles.


Especialmente una vecina, que llegó al apartamento hace dos o tres años y se instaló en un piso abajo del nuestro, ella tenía un hijo y un bebé que aún no nacía, hoy en día ella tiene tres, y por las cosas que uno ve y escucha, aparentemente serían de tres padres distintos. Más allá de las cuestiones que uno pueda pensar sobre eso, lo más importante es que todo ese tema termina siendo asunto suyo, siempre y cuando se mantenga la correcta discreción, cosa que no ocurre.


Esta vecina, tiene la costumbre de exacerbarse con mucha facilidad y, además, con mucha intensidad. Yo podría estar tres pisos más arriba e igual podría escuchar sus gritos e improperios con la misma intensidad, especialmente por la forma del tragaluz que tiene buena acústica.


Cuando uno piensa en una madre, rápidamente vienen a la mente, imágenes de la figura materna que uno tuvo, y en su gran mayoría, estas están cargadas de cariño, amor y un largo etcétera de cosas similares. Por experiencias ajenas puedo entender que las madres no son iguales para todos, y que ninguna está cerca de llegar a ser lo que es realmente una madre perfecta, no obstante, a veces entiendo también, y como registro mental queda esta vecina de quien va esta narración, que tampoco una madre puede ser tan imperfecta.


Pero, quién soy yo para juzgar, si no tengo todas las pruebas a la mano, si lo único que tengo en mi memoria son los gritos ajenos dirigidos al primero de sus hijos, gritos e insultos con una carga emocional muy dura, capaz de detener por momentos las riñas en casa para conmovernos del niño que recibe directamente dichos improperios.


Evidentemente no puedo ponerme a juzgar, porque no puedo ver con mis propios ojos los motivos que desencadenan tal explosión de la mujer con su hijo, ni puedo saber si existe algo más que solamente gritos e insultos, o si es que la pareja de turno toma también alguna posición en esta batalla.


Siempre estaré de acuerdo con respecto al castigo físico, siempre y cuando se mantenga como castigo y no como agresión. Muchos llegan a confundir la ausencia del contacto físico como ausencia de violencia, cosa que es muy errado, puedo constatar que, en medida, el vecino niño es agredido verbalmente, y no pasa un día en el que no se le escuche llorar con profundo dolor.


Es verdad, se ven casos horribles de madres que por algún u otro motivo deciden acabar con la vida de sus hijos, ya sea antes o después de nacer, pero creo que nada justificar hacer que tu propio hijo sea capaz de gritarle a su madre: “te odio”



Autor: Luis Pinto Corrales.



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