#Concurso: SI ME MIRARAN A LOS OJOS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Hoy un señor desde la comodidad de su balcón me ha gritado "ignorante de mierda". No le he visto la cara. Pero por su tono de voz parecía que cargaba siglos de desprecio en su interior. No creo que él esté pensando en mí esta noche. O quizás sí. Quizás sentado en su cómodo apartamento le ha dicho a su esposa que vio a una de esas ignorantes de mierda caminando por la calle en plena cuarentena. Y es probable que a sus hijos les haya contado orgulloso que la puso en su sitio, gritándole su verdad. Durante estos días me han gritado ignorante de mierda varias veces. Y sin embargo, en lugar de que esto me forme una coraza , cada vez me duele más. Cada vez la g de igggnorante y la r del mierrrda me duelen más. Me queman el alma con palabras incendiadas por sus ojos y avivadas por su complejo de superioridad.


Qué cómodo es subirse a su trono en forma de silla de terraza y desde ahí juzgar a todo esos ignorantes que no sabemos obedecer las disposiciones del Presidente ¿verdad? En otro momento de mi vida, hubiera tenido las fuerzas para gritarle algún insulto de vuelta que intentase restituir mi honor herido. Pero, hoy no. Hoy no porque sus palabras han tenido la misma fuerza del huaico que hace un tiempo destruyó mi casa. Hoy la boca de ese hombre ha hablado por cientos de personas que no ven en mí más que a "un animal” que no entiende qué es quedarse en su casa. Hoy no he tenido el coraje para gritarle lo que me desgarra por dentro y que me está robando la esperanza... las ganas de seguir.


Hubiera querido decirle a ese señor que...


Que la bestia no soy yo que a pesar de que la ley me lo prohibe he salido a la calle porque mis hijos no comen hace dos días, que la bestia es él que teniendo su despensa llena, no me ofreció un plato de comida.


Que la bestia no soy yo por no tener estudios. Que la bestia es él que aún teniéndolos no es capaz de darse cuenta de que no es por desobediencia, sino por necesidad que salgo a pedir caridad.


Que la bestia no soy yo por traer hijos al mundo aún cuando no tengo cómo mantenerlos. Que La bestia es él que no le enseña a sus hijos la empatía para entender que habemos quienes no hemos tenido un hogar que nos formara y nos contuviera.


No. La bestia no soy yo por pelearme en la cola defendiendo mi sitio para recibir el pollo que la municipalidad estaba ofreciendo. La bestia es él que teniendo seis pollos en la refrigeradora, no ha tenido el corazón para ofrecerme una bolsita con las menudencias.


Dicen que soy un animal ¡Me lo han dicho tanto! que quizás lo sea. Quizás soy un animal porque a veces el hambre me hace olvidar que soy persona. Y me lleva a humillarme, a perder mi dignidad, a suplicar por algo que el fondo de mi alma me dice que merezco. Ese señor no sabe lo que es hacer una cola de catorce cuadras bajo el sol, con el estómago vacío, sin un centavo en el bolsillo para que te entreguen un paquete de galletas de soda y una botella de agua. Pero él se queja de las colas que ve en televisión. "Esas mujeres están locas" ha de poner en su estado de Facebook, mientras comparte videos vergonzosos. Y sí, puede que lo estemos. Locas de dolor, locas de desesperación, locas de miedo, locas de hambre, locas de sueños rotos, locas de discriminación, locas de abusos, locas de carencia, locas ...


Yo a veces me siento loca. Porque la locura es una forma de evadir la realidad que se te clava en la mitad de la ilusión y te escupe en la cara que no tienes opción. Y entonces, no queda otra salida más que la locura. La locura necesaria para mirar a tu hijo a la cara y decirle que todo estará bien.


Dicen que soy un animal. Me pregunto si los animales cuando se van a dormir, sienten que Dios los ha olvidado.


Quizás es que es cierto. Quizás hace falta saber de Historia, de Ciencias, de Matemática o de Literatura para ser persona. Cómo quisiera saber sobre culturas ancestrales, sobre genética, sobre ecuaciones y sobre clásicos universales, tal vez de ese modo podría hacerle entender al mundo lo que se siente. Porque el maldito hueco en el estómago no se puede describir con palabras comunes. Ninguna palabra que conozco sería suficiente para explicar lo que se siente saber que hay millones de personas tirando toneladas de comida a la basura, mientras tu hijo de cuatro años te pide un alfajor.


Ignorante de mierda. Tres palabras que gravitan en mi mente. Que colisionan unas contra otras en la mitad de mi espíritu. Ignorante, sí pero ¿por qué "de mierda" si todos los días me levanto a las cinco de la mañana a buscarme un pan que llevar a casa? ¿Por qué "de mierda" si a mis hijos les acaricio la cabeza mientras duermen?¿Por qué "de mierda" si nunca le he quitado nada a nadie?


Es tarde y debo dormir. Pero esta noche es diferente de las otras noches. La rabia se ha filtrado hasta mis huesos y estoy cansada.


Si tan solo me miraran a los ojos por un minuto, pensarían dos veces antes de decirme bruta, animal, bestia... y todo eso que les encanta decirme desde la calidez de su hogar. Se ocupan de mí luego de la cena. Escriben en sus redes sociales "¿qué pasa con la gente? es que no entienden? ¿por qué la gente es tan bruta? ¡Cuánto egoísmo y falta de empatía! ¡Qué animales que son!"


Después de todo no los culpo... si yo tuviera redes sociales, escribiría exactamente lo mismo



Autora: Marisela Martínez Scheelje.



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