#Concurso: SOY INADMISIBLE EN LOS BANCOS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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La plazuela desolada le asentaba muy bien a un pataperro como yo. Desaparecido el tumulto de televidentes afincados en los interiores de una tienda de electrodomésticos, pude ver con entereza un partido de básquet universitario. También los niños y niñas que jugaban con tangramas sobre mis cartones, ahora se encontraban en compañía de sus padres y hermanos, confinados. Un policía me detuvo y preguntó mi nombre, tras escuchar rastrillar un arma de fuego, saqué de mi bolsillo un billete escandinavo (así lo había anotado para recordar siempre al amable turista), allí estaba anotado con crayola amarillo cian: ‘N/N’. Aquella mujer me indicó subir a la patrulla para llevarme a la plaza de toros, pero antes tenía que recoger a unos militares heridos por unos delincuentes. Asentí en esperar. Me sequé el cuerpo luego de bañarme en mi pileta predilecta, me sentí afortunado al descubrir que las palomas no se espulgan, por el contrario alisan sus plumas, sus picos están hechos para abrillantarlas. Me senté con soberanía sobre un espontáneo (para mí) e involuntario (para la familia del 383) escaño de cemento: tuve miedo, después alegría. Un joven alzando en brazos a un gato, me sonrió para después mostrarme otros dos gatos, finalmente me obsequió un barbijo y una cajita de madera que contenía un monigote con un tornillo. Le agradecí. En el otro revés del billete escandinavo tenía un dibujo: un tumulto de televidentes afincados en los interiores de una tienda de electrodomésticos. Esa visión de crayolas pecuniarias me hizo saber que de muchos escenarios posibles, solamente un voluntario o trabajador del gobierno recibiría con alegría mi billete con enmendaduras y anotaciones, porque soy inadmisible en los bancos. No me faltaba un juguete, no me faltaba un tornillo. E inexplicablemente bravas jaurías con alas hicieron de las calles citadinas su hogar, de los jardines, su living; ellas, me rodean. Subí a la patrulla. Su amigo está agonizando en la ambulancia, me dijo un ansioso paramédico. Hemos confiscado sus armas, aseveró la mujer que me llevaría a la plaza de toros



Autor: Alfredo Bustos Castillo.



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