#Concurso: T2, E10 DE CUARENTENA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Lo primero que veo al abrir mis ojos es a mi prima arrodillada al borde de mi cama, llorando y gritando como si alguien hubiera muerto y ni siquiera podía descifrar lo que intentaba decirme.


Desperté abruptamente sin poder comprender por qué se había originado este caos en casa.


- ¿Te calmas y me explicas qué pasó? -le pregunté a mi prima y su única respuesta eran llantos, pero se alcanzaba a oír un par de palabras-.


- ¡Mi tío! -lloraba- ¡él no! -golpeaba el borde de mi cama-.


- ¡CÁLMATE! -le grité- Ahora habla sin llorar y dime qué pasa porque si sigues así, no voy a entender lo que intentas decirme.


- ¡Julio! ¡Se lo llevaron al hospital! ¡Tiene el virus! ¡No puede respirar! ¡Tiene neumonía! -decía entre sollozos-.


Me paré instantáneamente de mi cama y me dirigí a la sala. Ahí estaba mi mamá hablando por teléfono con lágrimas en los ojos. Me senté en el mueble a escuchar la conversación, tratando de entender qué tan alarmante podía ser la situación.


Mis tíos Julio y Roxana viven con mi prima Marcela en Milán. Sí, ellos están en Italia. Estuvieron aquí en Lima hasta hace menos de un mes.


Tal vez fue mi mirada o quizás mi mamá no podía con todo el peso de la noticia y me dio el teléfono. Ella siempre dice que soy la más fuerte, que a mí me toca asumir todo, dice que soy la más dura o que tengo que serlo para el futuro.


- ¿Hola? ¿Prima? -pregunté asustada porque aunque muchas veces crean que soy de piedra, lloro mucho pero lo hago sola-.


- Hola prima, ¿cómo estás? -me respondió con un poco de ánimo. Solo ella puede preguntarme cómo estoy yo cuando ella es la que me preocupa en estos momentos.


- Bien, ¿cómo estás tú? ¿cómo te sientes? -no sabía qué podría decirle-.


- Bueno, estoy mejor pero tengo que estar bien -me respondió-.


¿Qué se supone que se dice en casos como estos? ¿Qué es lo correcto decir? Nada te reconforta por más que intentes.


- Cuídense mucho, cuida a tu mamá y apóyala. Sabes que estamos aquí si necesitas hablar con alguien -intenté animarla pero el efecto fue todo lo contrario-.


- No sabes lo que es, creo que nadie se puede imaginar lo que siente vivir esto -hizo una pausa y se escuchaban sollozos a través del teléfono- Mi mamá no se ha levantado de la cama ni ha comido desde que se llevaron a mi papá -el nudo en mi garganta empezaba a formarse-.


- Tienes que cuidarte, por favor -era lo único que le podía decir porque en momentos así, no hay nada más que decir-.


Me dio el discurso de todos, de no salir, de limpiar todo lo que compremos, de usar mascarillas, de desinfectar bien todo, de comer bien, de distraerse.


- Todo lo que te digo es por tu bien, es porque acá no se hizo desde el comienzo y mira las consecuencias. Tú eres diferente, tú sabes lo que se debe hacer y lo que no, ayuda a que te entiendan porque solo te harán caso a ti en casa.


- Lo sé, eso intento -atiné a decir-.


- Nunca hemos tenido que hacer esto antes pero ahora debemos pensar antes de ir a comprar y preguntarnos… ¿de verdad necesito esto? ¿es indispensable en mi vida comprarlo? ¿me va a brindar algo importante? -decía entre llanto- Si la respuesta es sí porque ya no hay comida, entonces vas y compras, o si necesitas medicamentos y no hay pero los necesitas para un dolor fuerte o algo urgente, vas y compras -el llanto se intensificaba- pero si quieres una galleta, un dulce, un antojo, una gaseosa, cualquier cosa que no necesitas, no salgas porque te estás arriesgando por algo insignificante, por algo que no vale la pena.


- Entiendo, no saldré -le respondí-.


- ¿Sabes algo? Ahora me pregunto, ¿de qué me sirve mi iPhone 11 Pro? ¿De qué me sirve tener una laptop? ¿O tener mis libros para la universidad? Si nada de esto puede hacerme feliz. Ayer salí corriendo mientras lloraba en la calle buscando alguien que me consiga un pulsioxímetro porque mi papá no respiraba bien, que los policías te ayuden solo al verte tan desesperada, que se lleven a tu papá y no saber si lo volverás a ver, y ni siquiera poder despedirte con un abrazo porque no te puedes acercar. De nada me sirve lo material, si ni con eso se puede comprar la salud de mis padres.


Dejé que llore al teléfono hasta que nos despedimos.


Siete días después, llamó para decirnos que a mi tía también se la habían llevado porque no podía respirar. Ella se quedó sola en su casa, con el miedo de no saber si ellos regresarían, sabiendo que lo más probable sea también estar infectada.


Hoy fueron ellos entre más de 100 000 casos, quizás es la suerte que nos toca o tal vez es lo que necesitamos aprender.


Dos semanas después llamó para contarnos que mi tía estaba de regreso en casa, y que estaban esperando que llegue mi tío porque ya lo habían dado de alta. Mi prima les preparó una torta para celebrar que ese día mis tíos celebraban su aniversario de bodas y que justo era el día en que los tres volverían a estar juntos.


Creo en los milagros, creo que si vibramos alto, podemos atraer lo que tanto deseamos. Todo puede ser posible con mucha fe.


Si esto no es suficiente para empezar a valorar lo que realmente importa, no sé qué necesitamos. Si después de que todo termine, no somos mejores personas, entonces no habremos aprendido nada.


Esto no es el fin del mundo aunque parezca que lo fuese, es el inicio de uno nuevo, uno mundo mejor por construir



Autora: Lucía Flores Aguilar.



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