#Concurso: ¿Y LOS PLANES?


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Este año tenía algunos planes. El más importante y trascendental de ellos, era casarme. Liz y yo habíamos fijado el 25 de julio para nuestro matrimonio. Separamos la fecha y hora en la iglesia, una semana antes de que empiece la cuarentena. Antes habíamos separado el salón de recepciones para la fiesta, y comprado los pasajes para la luna de miel.


Como queríamos casarnos por la iglesia católica, tuvimos que hacer nuestra confirmación. La catequesis de preparación normalmente dura un año, pero para personas adultas, como nosotros, nos ofrecían la posibilidad de hacer la confirmación después de una preparación de 3 meses. Googleando averiguamos que podíamos hacerla en menos de un mes. Sólo pagas 30 soles, vas a 4 charlas y puedes hacer tu confirmación en la parroquia Nuestra Señora del Pilar, en San Isidro. Esta opción es buscada por gente que les urge realizar el sacramento, ya sea porque su boda es pronto o porque van a ser padrinos de bautizo.


El viernes 28 de febrero fuimos a nuestra primera charla. Éramos un grupo de aproximadamente 50 personas. Aquel día, todavía pudimos tomarnos de las manos para rezar. La segunda reunión fue el 6 de marzo, el día que se oficializó que el coronavirus había llegado al Perú. Nos anunciaron que ya no podíamos tomarnos de las manos. Incluso, una señora llegó con mascarilla. La penúltima charla fue el miércoles 11 de marzo. Entre el grupo pude observar rostros de preocupación y unas cuantas mascarillas, 4 o 5 quizá. El jueves 12, el presidente Vizcarra dio un mensaje a la nación, donde anunció la prohibición de las reuniones de más de 300 personas y la suspensión de los vuelos procedentes de Europa y Asia.


El viernes 13 fue nuestra última charla. “Hemos convencido al obispo para que mañana podamos hacer la confirmación”, nos dijo la coordinadora de la catequesis. Además, nos advirtió que solo los padrinos y nosotros podríamos asistir a la misa. Nadie más pudo acompañarnos. Hasta ese día, permanecía incrédulo, sin darle importancia a las noticias sobre el Covid19. Están creando pánico en vano, pensaba.


El 14 de marzo al salir de la iglesia, recién empecé a sentir miedo. ¿Qué pasará? ¿Será cierto que van a declarar cuarentena? ¿Tan bravo es ese virus?


Como dije, tenía planes. Casarme. Terminar la tesis. Hacer realidad un proyecto de gestión cultural. Mientras hacia todo eso, iba a seguir trabajando de maestro de ceremonias en eventos sociales. El dinero no era problema, ya que en los eventos me iba cada vez mejor. Había bastante trabajo.


La noche del sábado 14, hice mi última ceremonia. Era una boda para 200 invitados y asistieron menos de 100. Tuve cuidado de no estar muy cerca de la gente, de no saludar a nadie con la mano y de tener el micrófono un poco alejado de mi boca. Algunos invitados se abrazaban, pero otros trataban de mantener la distancia. En el aire había una sensación rara, incomodidad, no era una celebración plena.


Después de terminar mi tesis, el plan era empezar a trabajar en el ámbito de mi profesión. Estudié historia del arte. Los pocos que ejercen esta carrera trabajan en museos. Los museos han cerrado. Es decir, por donde lo mires, se jodió todo. Todos los planes se fueron a la mierda.


Ya vamos casi un mes de cuarentena y el presidente acaba de dictar 15 días más. Hace un momento estuve en una videollamada con mi novia. Puso cara de asustada cuando le comenté que varias empresas de eventos van a quebrar este año.


­–¿Néstor, también? – me preguntó. Néstor es el dueño de la empresa de eventos en la que trabajo. La misma que hemos contratado para nuestra fiesta de boda.


–Probablemente– le dije sin dejar de mirarla por la pantalla del celular.


–¿Y nuestra boda?


–Esperemos a ver qué sucede en estos días…


–Si pues... o sino… nos casamos igual, aunque sea solos con el cura.


Hubo un silencio.


–Claro… claro que sí amor.


–Es broma, tonto. Bueno, ya veremos.


–Ya veremos, amor.


–Si es que estamos vivos


Otro silencio.


–No me quiero morir– le digo. Y nos reímos.


Ahora, estoy aquí escribiendo y pensando… y pensando.


Pueden pensar que una boda postergada, no puede resultar tan malo comparado con tantas tragedias que se viven en estos días. Gente muriendo en las calles, hospitales rebasando su capacidad, familias que no tienen que comer y miles de problemas más. Pero, así como el de ellos, mi sufrimiento también es real.


Liz y yo nos enamoramos hace más de 10 años. En esa época ella tenía apenas 19 y yo 24. No ha sido un romance fácil. Hemos tenido nuestros altibajos y pruebas difíciles, pero siempre nos hemos mantenido firmes en nuestro amor. Hace 2 años, después de convivir 6 meses en un departamento alquilado, volvimos a nuestras casas con la promesa de ahorrar para comprar nuestro depa, casarnos y unirnos nuevamente el 2020. Y todo iba viento en popa… eso parecía.


Ahora ¿qué vamos a hacer? ¿Posponer todo? Lo peor es que ya no tengo trabajo y tampoco sabemos para qué fecha se podría posponer. ¿El próximo año, volveremos a la normalidad? El mundo ya cambio y ahora todo lo envuelve la incertidumbre



Autor: Hanz Pretel Anco.



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