¿Cómo fue mi experiencia en Machucabotones?





El taller de Escritura Terapéutica fue la mejor decisión que pude tomar. Quien diría que con solo 8 minutos (sin pensar, solo sentir y dejar que el lapicero transmita todo desde el corazón), fuera algo tan mágico y que me ayudaría a descubrir muchas cosas en mi. La técnica de 8 minutos es simplemente dejarte llevar por lo que quiere hablar tu corazón. Sonará cursi, pero en esos 8 minutos no piensas, solo sientes y escribes. Aunque no voy a negar que a veces dentro de esos minutos aparecían esos pensamientos que hacen que te sugestiones lo que escribes, pero son microsegundos y luego continuas. Es lo mas sanador que Leslie y Cesar me enseñaron, algo tan simple pero a la vez tan necesario.


Recuerdo que en la primera clase nos dijeron "escriban por 8 minutos, sin pensar, sin parar" y yo inmediatamente me dije a mi misma “¿sin pensar?”, “¿cómo es eso?”, “¿cómo que sin pensar?”. Lo típico en mi, y tal vez en la mayoría, cuando te dicen “no pienses” yo pienso el cuádruple. Fue entonces cuando empezó a correr el timer y por primera vez en esos 8 minutos no pensé. Fue algo increíble y lo recomiendo, en especial para las personas que tienen 1,000 pensamientos por minuto, como yo.

Lo mas gracioso que recuerdo, fue que terminó el tiempo y sentí que necesitaba más minutos sin pensar. Una vez que solté el lapicero escuché la voz de Cesar que decía “¿ahora quien quiere compartir lo que escribió?” y recuerdo que pensé “Ni hablar que roche”. Pero a la vez escuché una vocecita que me decía, “lánzate”, “hazlo”, “levanta la mano”, “sal de tus miedos” “¡hazlo ya!” Y al segundo dije “Yo”.


Empecé a leer y leer y mientras leía en voz alta me sorprendía todo lo que había escrito, realmente no lo podía creer. Al terminar sentí color tomate mi cara, pero para mi sorpresa me felicitaron y no se pueden imaginar la alegría que tuvo mi corazón en ese momento. Me sentí muy muy feliz.

Y así transcurrieron 4 talleres que para mi fueron mi burbuja dentro de lo cotidiano del día a día y del estrés que siempre ronda y ataca. Conocí personas hermosas con las cuales conversamos sobre libros, sobre lo que sentimos, sobre la realidad de nuestros pensamientos y me alegro mucho tener su amistad. Ahora con ellas hemos creado nuestro pequeño espacio de burbuja.


Solo siento profundo agradecimiento por Leslie y Cesar, que fueron luz en estos 4 talleres. Me recordaron lo necesario y bello que es escribir pero lo más importante, escribir sin pensar, escribir sintiendo, porque es ahí donde realmente salen las verdades palabras, directamente del corazón hacia el papel.

Para mi fue súper difícil, porque siendo una persona perfeccionista, dejaba que mi mente gobernara y por eso no me animaba a escribir, o simplemente me sentía con ganas de escribir un párrafo en mis redes sociales y a los 5 minutos de escribir lo corregía tantas veces que al final lo borraba.


Con ellos y con este taller, entendí que tenemos que dejar de lado la perfección, y fue ahí donde empecé a escribir con borradores, que son los que valen oro, porque es ahí donde esta la belleza. Luego de haber escrito puedes corregir algunas cosas, pero es en el borrador donde esta la esencia de lo escrito.

Muchísimas gracias Cesar y Leslie, para mi fueron los mejores maestros y me enseñaron que tengo un largo camino por descubrir. Al miedo y a los pensamientos los soplaré bien fuerte para que se vayan, al menos al momento de escribir.


No puedo negar que cuando recibí el correo invitándome a escribir sobre mi experiencia en Machucabotones dos sentimientos saltaron a flote, alegría y miedo. Primero grité en voz alta y dije “Wow”, estallé de felicidad y gratitud. Luego aterricé y nuevamente dije “Wow” ¿estaré a la altura para escribir en su página? ¿Me saldrá bien lo que escriba? Y la típica frase que generalmente nos opaca el microsegundo de felicidad: ¿Y si me equivoco? Fueron dos “Wow” de extremo a extremo, que ahora mientras lo escribo me parece gracioso. Pero ¿cuántos no hemos pasado por eso? Al empezar una relación, al encontrar un nuevo trabajo, etc. Pero mientras escribía esos pensamientos se iban achicando y ganó el lapicero con el corazón.

Nuevamente gracias a ambos, ustedes ayudan a sacar lo mejor de cada uno de nosotros a través de la escritura. Gracias por las palabras positivas de mi escritura y gracias por animarme a empezar una nueva aventura.


Sin duda a partir de enero 2019 me inscribiré a más talleres y espero que nazca el taller de Escritura Terapéutica parte 2.


Para todos los que se sienten escritores en el fondo y no se atreven a dar el gran salto a lo mágico, Machucabotones es la respuesta.





Erika Prai Fantin


Alumna del taller Escritura Terapéutica.

Machucabotones 2018.


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