#Concurso: LA CUARENTENA POR EL CORONAVIRUS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.


Últimamente, los días han sido raros. Mi Ñora no duerme bien, toda la noche camina alrededor de la casa, pensando, escribiendo, se para y se vuelve a sentar, con cara de tristeza y contemplando a la Rubi de lejos. Entra y sale de la cocina y se sienta a mi lado (Obvio, eso me despierta y me pone de mal humor… Seguro estaré gruñón el resto del día).


La Rubi ya no se pone uniforme, ni viene a la cocina a alistar su lonchera. Tampoco siento a mi Ñora apurándola como acostumbraba (es que esa Rubi la puede sacar de sus casillas en las mañanas), ni siento la puerta de la casa golpear atrás de ellas cuando salen. Normalmente, mi Ñora saca a pasear primero a la Rubi y la deja en algún lugar (que no sé donde es) pero que me encanta porque no la veo por muchas horas y puedo gozar de mi Ñora sólo para mí.


Lo más raro es que, últimamente, jugamos a disfrazarnos antes de salir a pasear y sé que nuevamente me tocará el paseo corto, ese que va a lo ancho del edificio, en nuestra acera y la de enfrente. ¡Ahí sólo hay 6 árboles! ¡Tanto que me había costado aprender a administrar bien la orina para poder marcar los árboles ocho cuadras a la redonda! Ahora, a los tres minutos escucho “No chanchito, ya regresamos, lo siento”. Por supuesto que me hago el difícil y la jalo bastante porque obviamente, no quiero entrar. “No chanchito, no te eches!!” Y sin más, estamos de vuelta en el edificio… agacho mi cabezota y ruego con toda mi perrunidad, que me vuelva a sacar un rato más tarde.


Otra cosa que no entiendo es porqué insiste en llamarme chanchito, ese no es mi nombre. Además, luego de varios días raros, la que se está poniendo redonda y peluda es ella ¿Será que quiere parecerse a mí? No me extrañaría… Quién no querría parecerse a mí, 25 kilasos de pura sensualidad. La mezcla majestuosa de rollos, arrugas y esos dos ojitos caídos que han conquistado a más de una, dan fé de todo lo que soy.


No puedo entrar a la casa hasta que me limpien bien las patas (a decir verdad, eso siempre me ha gustado, aunque más me gusta cuando me limpian las orejitas ¡uy, que rico!). Luego, saca uno de mis juguetes favoritos ese palo con una tela… Ese que pasan para acá y para allá como provocándome… con ese, tengo que estar muy atento. Miro a la derecha, y pasa el trapo… luego hacia la izquierda... derecha, izquierda, derecha y ZASSSSS lo agarré…… Es algo que no puedo evitar, escapa de mis patitas y mi instinto puede más. Este juguete se lo he quitado tantas veces a la Hilda, que ya mi Ñora encontró el truco para quitármelo sin que se haga huequitos.


Otra cosa que nueva que está pasando, es que mi Ñora y la Rubi, todos los días, esperan a que sea de noche y salen a gritar como locas a la ventana. Al parecer no son las únicas, porque se escucha altísimo, muchas voces y muchos aplausos, sirenas y mucha bulla. Nada de esto me gusta... Cero. Nunca he sido fan de los ruidos fuertes. No me gustan las motos, ni las ambulancias, ni los gritos y menos los aplausos. Entonces, comienzo a ladrar, porque no hay otra forma en que pueda dejar de escuchar esa bulla, mis patas son demasiado cortas y no alcanzo a tapar mis orejitas.


“¡Vamos Perú!” se escucha, y yo ladro. No sé qué significa, las miro con la cabeza de costadito y mis ojitos soñadores y dormilones y pienso “Si lo hace mi Ñora y sonríe al hacerlo, debe ser algo bueno”.


Como sigo ladrando, ella se sienta junto a mí. Me hace cariño y me explica, con mucho amor, que todo esto es para agradecerle a muchas personas que nos están cuidando, para animar a todos a seguir adelante y demostrarnos que no estamos solos en estos días raros.


Yo me acurruco y le doy la patita para que sepa que la escuché, la miro fijamente y le enseño mis dos dientecitos de abajo… esto la derrite por completo.


Ya han sido varios de estos días raros y no veo la hora de retomar mi rutina de antes. Donde la Rubi desaparecía toda la mañana y yo tenía a mi Ñora para mí solito. Añoro esos días en que podré, nuevamente, tirarme cual paquete en cualquier acera y quedarme ahí echado el tiempo que me de la gana, mirando mucha gente y autos pasar.

No te preocupes mi Ñora bella, yo sí me doy cuenta que algo no anda bien. Me cuesta entender qué pasa, pero si siento que todo está raro y que ya nada es igual.


Lo único que quiero de todo corazón, es verte bien a ti, que vuelvas a tener esa sonrisa de antes, quizá, que reniegues menos también.


Te prometo que mientras esto dure, me seguiré sentando junto a tus piernas y me quedaré ahí el tiempo que sea necesario. Te lameré muchísimo, hasta que me pidas que pare, y cada vez que te muevas, te perseguiré y me sentaré a tu costado. Te pediré mucho cariño siempre y por las noches te esperaré para que me cantes “A dormir, a dormir, mi bebito a dormir”. Luego, trataré de seguir soñando con mis huesitos y galletitas de premio.


Si estás muy triste, te traeré mi pelota o mi botella. Si te hago jugar, quizá te animes un poco. Sé que últimamente no has tenido ganas de nada y tratas de mantenerte ocupada todo el día para que todo pase más rápido. Si no logro alegrarte, igual lo seguiré intentando, tú bien sabes que puedo llegar a ser bastante terco.


Yo sé que esto terminará algún día y volveremos a ser los de antes… Te amo mi Ñora bella


Autora: Flavia Napoli Fournier.



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