Novio



Ilustración: Monge Quentin

—¿Qué debo hacer para enamorar a un chico?

Espero a que empiece a reírse como loco, pero solo se queda ahí, mirándome. Estamos sentados frente a frente y él acerca su silla un poco más a mí. Apoya sus codos en la mesa entre los dos y entrecierra los ojos.

—¿Cómo sabría eso yo? —me pregunta.

—Eres un chico y la única persona en quien confío lo suficiente para preguntarle —digo—. Algo debes saber.

—¿Pará qué quieres gustarle?

Aunque adoro a mi mejor amigo, a veces quiero golpearle la cabeza. Es un gran tipo, pero cuando se hace el tonto y me obliga a decir cosas vergonzosas, me molesta que lanzarlo por una ventana no sea legal.

—Para que sea mi novio, pues —le digo—. Ah, y también quiero que sepa que me gusta, pero sin que yo se lo diga.

—Te apuesto que ese chico ya sabe que te mueres por él, eres muy obvia cuando te gusta un chico —dice—. Pero ¡es bueno! Así ya tendrás novio, por fin.

Lo dice como si no tuviera ninguna oportunidad. Que tenga diecisiete y nunca haya besado a un chico no es tan raro. Puede que a veces me aterre convertirme en una solterona malvada, pero creo que por ahora no es tan grave. No me importa que me miren raro porque no tengo novio, no pierdo la esperanza de conseguir uno pronto. De seguro que cuando tenga veinte años ya tendré enamorado, Lu me dijo una vez que a los veinte todas las chicas somos bonitas.

—Eres malo —le digo.

Ahora sí se ríe muy fuerte.

—Declárate —me aconseja—. Las chicas deben declararse también.

La primera vez que escuché ese consejo fue en unos dibujos sobre hadas que pasaban en la tele, El Club Winx. Yo tenía unos ocho años y me había parecido un consejo tonto. Desde niña estaba chapada a la antigua. Sin embargo, pese a que en estos meses he considerado dejar los pensamientos retrógrados, no creo que confesar que me he enamorado sea buena idea. Es la primera vez que el chico que me gusta no es un cretino, y no quiero espantarlo con mis nobles sentimientos.

¡Bah! Mis sentimientos no son nobles, solo me apetece llevar al chico que me gusta a un lugar oscuro y besarlo.

—Él ya no querría ser mi amigo si me declaro —comento, suspirando dramáticamente—. ¿Tú no dejarías de hablarme si de repente te digo que me gustas?

Mi amigo se encoge de hombros.

—No, ¿por qué haría eso?

Es un mentiroso. Yo soy muy obvia cuando me enamoro de alguien. Hace tiempo me gustó un muchacho que, tristemente, descubrió que andaba loca por él. Me invitó a salir y luego me dejó plantada. Admitir que lloré una noche entera después de eso me pone furiosa, por eso nunca se lo he contado a nadie.

—Entonces, ¿qué harías si te dijera que me gustas?

Él se tarda un rato en responder. Estoy por volver a hacerle la pregunta cuando dice:

—Te diría que has mejorado mucho tus gustos.


Escrito por Glissé Puerta, alumna de Machucabotones.

Glissé tiene 17 años.

Ha seguido cursos con nosotros desde el 2015.

Su autora favorita es Carolina Andújar.

Actualmente es estudiante universitaria.


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