"Seriedad bienhumorada y juguetona" (recuerdo de la revista Velaverde).


"¿Por qué yo?" pensé esa tarde en que Juan Carlos Tafur me propuso ser el editor de cultura en la nueva revista que él estaba preparando. Me había citado en el café Haiti. Yo llegué a las 3:55 pm. Esperé en una mesa del fondo porque él estaba entrevistando a otra persona, un muchacho al que no pude identificar. Mientras esperaba dibujé en mi cuaderno un montón de ojos. Luego de un rato me senté a su mesa. Recuerdo el momento en que le di la mano, mi sensación de intriga. Pedí una limonada frozen y conversamos informalmente durante media hora. Juan Carlos quería que esta nueva revista, cuyo nombre no iba a revelarme aún, fuera leída especialmente por los universitarios, él quería que los universitarios la llevaran en sus mochilas y la debatieran, iba a ser un éxito porque tendría más de 80 páginas y costaría 3 soles. Me pareció un proyecto alucinante. Le dije que me gustaría proponerle un esquema para esa sección. Le pedí que esperara mi respuesta definitiva hasta el día siguiente. Salí del café y caminé un rato por Miraflores pensando "¿Por qué yo?" y también, en un momento de alegría, rodeado por los extraños que se desplazaban por Diagonal, "Claro que yo puedo, obvio". La paga era muy buena. Era fantástico que me lo propusieran a mí, y me daba miedo aceptar. Esto fue a inicios del 2013.


Aunque nunca le he hecho la pregunta a Juan Carlos, sé que él escuchaba el programa que yo hacía con Jesús Véliz en Radio Capital en aquella época, y que su gusto por mi estilo de conducción lo movió, al menos en parte, a ofrecerme aquel trabajo de editor de cultura. Yo le había escuchado decir una vez en su programa (él también era conductor en Radio Capital) que Jesús y yo éramos muy divertidos, “unos genios”. A mí me dieron ganas de esconderme bajo mi cama cuando le escuché decir eso: pienso ahora, como pensaba entonces, que gran parte del éxito de ese programa estuvo relacionado con la vibra de nuestro operador de audio, Charly Montoya, que era un capo y una ladilla, y cuya maestría como comunicador alcanzó su cima, para mí, en esa transmisión radial que hicimos la noche del histórico concierto de Paul McCartney en Lima. 3 segundos antes de salir al aire Charly me dijo por el interno "¡Hoy vamos a poner solo Rolling Stones!". Y el programa de esa noche empezó con los acordes de “Satisfaction”… “¡Lo único verdaderamente extraordinario que ha dado Inglaterra al mundo, los Rolling Stones!” dije cuando se encendió la luz que indicaba que mi micrófono estaba abierto… Jesús y yo cubrimos las incidencias del concierto de Paul McCartney con música de fondo de los Rolling Stones: bromeábamos al aire porque nos encabronaba perdernos de tal evento, al que habían ido casi todos los conductores y productores de la radio. Las oficinas de Radio Capital estuvieron vacías mientras hicimos el programa.


A mí me gustaba mucho el estilo desenfadado de Tafur como conductor radial. Supongo que a él también le gustaba mi estilo, porque operaba en una frecuencia similar a la suya, creo que es algo relacionado con el desparpajo para hablar. Y quizás también pensó en mí como editor de su revista porque ambos mostrábamos interés por el cine y el arte, aunque cada uno por su lado, porque nunca hablamos de esas cosas mientras trabajamos juntos. Hablé muy poco con Juan Carlos en los 6 meses que duramos ambos en Velaverde: tal fue el nombre de la revista. Un lunes en la mañana Juan Carlos nos convocó a una reunión en su oficina y anunció que acababa de presentar su renuncia ante los accionistas, debido a intromisiones inaceptables en su trabajo como director, y junto con él renunciamos a los pocos días la mayor parte de periodistas de Velaverde. Para entonces yo ya había renunciado a Radio Capital, o sea que ese acto de heroicidad me dejó sin trabajo (a mí y a periodistas como Martín Hidalgo, Paola Miglio, Laura Grados, etc). Yo había trabajado en Velaverde con verdadera pasión, me había entregado completamente a aquel oficio cuyo material de trabajo eran las palabras… Escribí mucho, edité mucho, me divertí mucho. Trabajaba muy rápido y en un estado de alegría. Juan Carlos cambió mi perspectiva cuando me dijo que pensara en grande, que buscara entrevistas y colaboraciones con medios del extranjero. Él ha sido el mejor jefe que he tenido nunca, básicamente porque me dejó hacer todo lo que se me ocurría para aquel semanario, cuyo primer número se vendió en marzo de 2013. Tafur nunca objetó nada de lo que yo hice, a veces con gran irresponsabilidad aunque siempre con gran entusiasmo. Solo una vez nos reunimos la sección de cultura y él en su oficina, y aquella vez nos pidió –a Cecilia Podestá, la redactora de la sección, y a mí– que le informáramos sobre las notas que planeábamos realizar durante la semana. Eso fue para el primer número. Fue también, hasta donde recuerdo, la única reunión de trabajo que tuvo la sección de cultura con él durante el tiempo que trabajamos juntos. Esa confianza, ese dejarme hacer, es algo que le agradeceré por siempre a Juan Carlos Tafur. Me sentí muy libre moldeando el estilo de la sección, su vibra, que es la vibra que a mí me hubiera gustado encontrar en una revista donde se tocaran temas de cultura. Quería que la sección le hablara al lector de una manera muy informada y muy idiosincrática, un tanto pegada a lo excéntrico y también cachosa, irónica ("siempre le metes su toque" solía reírse Rafael Chang, el diseñador con quien componíamos esforzadamente las 16, 18, 21 y hasta 24 páginas semanales de cultura). Con aquel trabajo quise recrear el estilo de las 3 publicaciones peruanas que más influyeron en mí como lector de prensa cultural: Caleta (la revista de música editada por Percy Pezúa), el suplemento No de la revista Sí, y la sección cultural del diario El Mundo cuando el editor era Oscar Malca. De la revista Caretas robé la idea de una mujer calata para la última página, pero esta calata sería una "calata culta" (porque aparecería en la sección de cultura) y escribiría recomendando libros o hablaría sobre la música que estaba escuchando últimamente, echada en su cama, contando sus vivencias inventadas… Porque quería un personaje para esa última página de la revista. Y tenía clarísimo que iba a pedirle a Leslie Guevara que lo escribiera. Aunque eso es otra historia. Una que continúa hasta hoy. Durante 6 meses fui el editor de cultura de la revista Velaverde. Mi souvenir favorito de aquella experiencia es esta columna publicada en el diario La República el 15 de junio de 2013, y escrita por el crítico literario Abelardo Oquendo.


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(Este soy yo en un encuentro de periodismo en el Centro Cultural de España, en el 2013, donde fui invitado para hablar sobre el trabajo que hice en Velaverde.)

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