Un nudo en la garganta


Muy contentos con su calidad, compartimos este texto de nuestro alumno David Carranza, escrito durante uno de los cursos de escritura de Machucabotones. Nos parece que es un relato conmovedor.

David tiene, además, un blog que recomendamos leer.


Son las diez y media de la mañana un fin de semana cualquiera en Gamarra. He venido con la firme intención de renovar el par de viejas corbatas del trabajo. En medio del bullicio de vendedores vociferando las últimas ofertas del año y los cuchicheos de parroquianos que recorren la primera fuerza vendedora del país, tu voz se impone publicitando la marca de jeans de tu auspiciador. Llevas a cabo tu show como lo haces en radio con el espíritu alegre y el carisma que irradias, que a más de uno incentiva a la compra inmediata. Ese es tu objetivo y déjame decirte que lo logras con creces. “A ver, a ver. Anímese caballero a pasar. Señorita, usted también. No sea duro, amigo. Ella se lo merece. Tan guapa, muchacha, caray, yo le compro lo que sea, pero que pague el novio, ¡epa!!!! ¡Jajaja!!!! Aquí encontrará las mejores ofertas con la salsa de su agrado. Así es, aproveche, aproveche las ofertas que estamos regalones". De los cuatro locutores radiales que trabajan en Gamarra ocupas un puesto de privilegio. La calle principal es la zona más concurrida, además, brilla en ti la estrella de la suerte. Los contratos no te faltan lo que te permite estar tranquilo con el sustento familiar, el día a día. Este ingreso, conjuntamente con el de la radio, te ha dado la oportunidad de ahorrar para el futuro de los tuyos, a pesar que en un principio no lo tenías claro. “Tengo dos carreras técnicas que no tienen nada que ver con la radio. No las ejerzo porque no me rinden tanto como la locución en todos los aspectos. Los tiempos han cambiado. Antes había trabajo hasta por las puras. No estoy con El Chino por si acaso, pero uno debe estar donde está cómodo. Si no sabes hacer lo tuyo con calidad, por más estudios que tengas, no lo vas a lograr. Debes tener algo especial. Esto es lo mío”. Lo tuyo es un don y no lo puedes ocultar. Te brillan los ojos cuando recuerdas tus inicios allá por el año 90 cuando empezaste como imitador en Radio Moderna con “Los Magníficos de la Noticia” junto a Edwin Sierra y Manolo Rojas, haciendo reír a la gente. Pero lo tuyo, Kike, era la locución, un llamado interior que decidiste alcanzar. Hay golpes tan fuertes en la vida Aquí en Gamarra eres el mismo. Parado en la escalera, tu potente voz retumba a la competencia y el eco cobra fuerza en todo el lugar. La chispa innata de tu personaje la antepones a tu personalidad tímida, humilde, rasgos aprendidos desde chico, me imagino, en tu natal San Juan de Lurigancho, donde sigues viviendo con tu esposa e hijos. ¿Podrán seguir tus pasos? me pregunto y me contestas que sí porque tú lo hiciste cuando estabas aún joven, ávido de demostrarlo y sin miedo a la vida. Ahora es turno de seguir apoyando al auspiciador y me pides un minuto para ir con la promoción, matizándola con una broma al caballero con rayitos dorados recién salido del estilista que acaba de pasar (¡qué buen tintán, hermano! ¿Quién te ha hecho semejante maldad?). Todos celebran tus bromas: la señora que vende bolsas multicolores, el jalador con dientes de oro, la maniquí humana de maquillaje sobrecargado y los curiosos lustrabotas que pululan por la zona. Pero no todo es diversión y buen humor, lamentablemente.

“Hace menos de una semana, en todo el tiempo que llevo en Gamarra nunca me había pasado. Un tipo apareció y me agarró a golpes y patadas. Yo no lo conocía, decía que le ´tumbaba el negocio´. Terminé con moretones, fracturas, dolores de espalda porque ese tipo era un gorila y yo pues, hermano, soy bajito. La empresa que me contrata le puso juicio, pero qué se va a hacer. Son cosas que pasan. Yo siempre he dicho que la defensa del cobarde es el ataque”. Pequeñas enseñanzas Según un estudio sobre los medios de comunicación masiva en la revista cubana Tesis y Resoluciones, la radio, por su facilidad de penetrar en los hogares y la diversidad del mensaje que ofrece diariamente, contribuye a crear hábitos de recepción que dan singular valor a su posibilidad de reiterar un mensaje, al igual que ejerce mayor influencia en el trabajo político - ideológico, la superación cultural y la recreación de masas. ¡Eso logras en el público!, y como menciona Alfredo Canellas O´Callaghan, licenciado en letras y periodismo en su libro Introducción al periodismo y la locución radial, uno de los motivos por los que la radio tiene mayor acogida entre la gente es debido a que “posee la persuasión de la voz humana, superior al de la palabra impresa”. Mejor publicidad no puedes tener. “Realizamos el trabajo tal cual lo hacemos en la radio, empleamos su mecánica, ¿no es cierto? La diferencia es el horario, que es más amplio. Muchos podrán confundirlo en decirnos “jaladores”, pero me gusta verlo como un trabajo radial pero en vivo. Si la empresa nos necesita fines de semana, estamos ahí”. Has caído bien a todos: tu carácter bonachón, esa imagen que irradias y tu altura tan grande de peruano promedio ha calado dentro de la gente que te contrata porque ya son 4 largos años que vienes laborando en este lugar, donde no chorrea pero gotea lo justo para llevar un pan más a casa. Le has sacado el jugo a tu don, esa voz que ingresa a cada radioescucha que no se pierde un programa de Salsa con amor y Por las rutas del amor en Radiomar Plus, de tantas admiradoras que alucinan en ti al príncipe de voz encantadora de 5 a 9 de la noche, luego parten a dormir tranquilas después de haber suspirado con tus frases sensuales, haciendo el sueño más placentero. Le pones tanto sentimiento a cada palabra que incluso algún delicado solitario se ha animado a llamarte para que le hagas compañía. “Por el talento que uno tiene diferente al resto, estos hombres “raros”, confundidos, me han dejado su número telefónico con el pretexto de hacerles 'un trabajito'. ¡Ja, ja! Pero nunca he caído en eso, hermano. Todo lo tomo deportivamente. Siempre sucede en la radio, acá en Gamarra, en todos lados”. Y mis corbatas aún no las compro. Faltan pocos minutos para la hora del almuerzo y sigues ahí tan animado como el principio, con la voz fuerte y potente como cuando me dijiste pasa, toma asiento y trata de hacerlo lo mejor posible para que seas parte de nosotros. Te habían encargado aquella mañana apoyar a los de radio Planeta en su búsqueda de nuevas voces y tú eras el juez, el verdugo, el de la última palabra. Mi cabeza rodó. Reprobé, lo admito, me faltó sacar la voz desde el estómago hacia fuera, usar el diafragma como me aconsejaste y suerte para la próxima, hermano. Eso fue el pasado y tantas caras han ido y venido frente a ti que una más no basta para traer al presente aquella anécdota. Pero yo sí te reconocí. Hasta otra oportunidad, Kike. Cuídate. El nudo en la garganta aprieta y aún no encuentro la corbata perfecta. El mundo es tan pequeño, ¿no lo crees? -Espero... en alguna oportunidad... hacer una incursión como disc-jockey. -Tal vez, quién sabe... la vida tiene sorpresas.


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