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A pesar de todo

  • 28 may
  • 4 min de lectura

RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «A PESAR DE TODO»



Nota para el lector: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Vota haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



A pesar de todo soy feliz, qué frase más conformista o resiliente. 


¿A pesar de que? ¿Qué cosa o cosas te pasaron o te pesan en tu vida?

 

En esta vida mía, no hubo nada “a pesar”, nada pesó tanto que haya merecido anteponer un “a pesar” dentro de mi vida.


Nací con un camino previo ya andado, un horizonte bonito en que se estaban plantando flores y sembrando semillas de amor, seguridad y valores. 


Nací ahí, si, y probablemente a primera vista no era hermoso el horizonte, pero había que tener visión, visión para crear y saber que se venían cosas buenas al sembrar, cosechar, regar y seguir sembrando en ese camino y en ese lugar que me tocó nacer.


Él se dedicó a proveer y a cubrir necesidades básicas. Para mi visión chiquita, y ahora en retrospectiva, nunca faltó comida, nunca faltó juegos, nunca faltó ropa, y engreimientos. 


Todo llegaba, todo había, todo estaba cubierto. 


Para la ropa cara o cosas más extravagantes, estaba ella. Ella compraba ropa importada, bonita, ropa que no se veía en las tiendas grandes de esa época.


Para los juguetes caros estaban los abuelos, ese par de amorosos e engreidores abuelitos que venían a recogerme para salir en su Volkswagen amarillo en busca del regalo caro de cumpleaños o navidad.  Ahí no había límites, y para regresar a casa, en un sobre de esos de carta, bien dobladito me entregaban en la mano bien secreto un regalo adicional: Para tus chocolates me decían.  


Yo abría el sobre y mis ojos se desbordaban, ¡era el billete de mayor denominación! 

¡Así eran ellos!

 

Ese par, cada vez que iba a su casa, había mi comida favorita. Y yo pensando en mi inocencia de niña: ¡Qué casualidad! ¡Qué suerte tengo!

 

…¿Cómo poder decir a pesar de todo? 

 

¿Cómo lo hicieron esos adultos que me criaron, que me rodearon y albergaron?

Todo lo gestionaban entre ellos, el, mi papá, hablaba con los abuelos para que supieran a qué lugar llevarme, donde encontraría el juguete que quería.


Ella, mi mamá, pedía préstamos en su trabajo para comprarnos ropa bonita o llevarnos de viaje.


Entre ellos crearon y sostuvieron durante muchos años la idea de Papa Noel, el árbol siempre estuvo desbordado de regalos, y siempre ese Bendito Papa Noel cumplía todo igualito a la cartita que le había entregado. Encima, me traía algo adicional, un regalo sorpresa. ¡Ese Papa Noel que crearon para mí era lo máximo, detallista y responsable!


Conforme fui creciendo, las matemáticas, la química, la física y yo nos empezamos a llevar mal, tanto así que pintaron de rojo mi libreta de notas muy seguido. 


El, aunque siempre me ayudaba a estudiar en las tardes, cuando vio que lo mío necesitaba más apoyo, inmediatamente me puso profesor particular. 


De pronto empezaron a desfilar en casa por las tardes la miss de matemáticas, la miss de química, el profe de física. 


¿Cómo llegaban a mi casa? -  Ni idea, solo recuerdo que venían. 


En algún momento, mi papá, se había dado tiempo de ir al colegio a buscar algún profesor para que venga a la casa a darme clases particulares. Lo que sí recuerdo, es haberlo visto con su uniforme imponente blanco impecable dentro del colegio. Yo lo veía de lejos, y decía pucha y ahora ¿A qué vendrá? ¿Qué le habrán dicho de mi?


Hace poco conversando con él en la sobremesa me contaba que iba porque lo mandaban a llamar del colegio, jaja. Tan dulce él, nunca hubo un regaño de su parte, simplemente tomaba acción. 

 

Pasaron los años y me enamoré de una de las universidades más caras de Lima en esa época. Mi papá nunca me dijo que no. Ingrese y culmine la carrera, una de las épocas más lindas de mi vida. Iba, estudiaba, me divertía, pero eso si sacaba buenas notas. Los primeros años, para mis clases a las 7am, él me llevaba. No tengo idea si esa era la hora en la que él también tenía que irse a trabajar o estaba yendo mucho más temprano por mi. Solo sé que él me llevaba. Me subía a su carrito azul, y ella, mi madre, me despedía con su bata en la cocina. 


Al llegar a la universidad, antes de bajarme del carrito azul, el me daba 10 soles para que coma algo. 


Años después, empecé a usar el carro nuevo de mi papá, ahí ya era “independiente”, con el carro de mi papá y la gasolina de mi papá.

 

… ¿Como poder decir, a pesar de todo?

 

Ellos, antes de ser padres tenían sueños, metas personales. Al ser padres, pospusieron deseos por el bienestar de sus hijas. Fueron padres por sobre todo y se unieron en equipo para ello.


Él tuvo más de un trabajo, iba de un lado al otro en un día. ¿Dónde almorzaba? ¿Llegaba tarde? ¿Estaba cansado? ¿Era feliz?


Ella tuvo que dejar de trabajar por estar en casa y recibirnos al llegar del colegio. ¿Cómo se sintió con esa decisión? ¿Cómo habrán sido los primeros días? ¿Llegó a sentirse realizada?


Ahora yo de adulto, los miro y digo obvio habrán tenido problemas, malos días, quizá estaban estresados, saturados, preocupados. Pero yo nunca vi eso, nunca vi o nunca dejaron que percibiera el mínimo de preocupación o fastidio en ellos. 


Nunca faltó nada, y por sobre todo viví y crecí bajo la burbuja de protección y con la visión de que todo se puede. 


Mi vida empezó con esa base, y esas semillas sembradas ya fueron cosechadas, y ese camino sigue siendo firme y fértil para seguir sembrando y creciendo para los que vienen.

 

…¿Como poder decir, a pesar de todo?



Autora: Nibya Galarza Mariño.



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Invitado
28 may

Buenazo

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