El amor no lo puede todo
- 15 abr
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 may
RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «A PESAR DE TODO»

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A pesar de todo, Daniel la seguía amando, después de tanto engaño, después de tanto daño.
Él solo recordaba los apasionados momentos que vivió con Samanta, esos episodios tan felices como efímeros en los que solo con la mirada lograban invadirse o aquellos besos intensos que le daban sentido a su existencia. A pesar de todo, ese amor jamás fue recíproco, él nunca descifró si ella también lo amaba o si lo rechazaba por miedo a enamorarse de verdad.
Esta historia empezó en 1995 y era digna de una telenovela turca, al principio fueron mejores amigos, pero poco a poco la relación se transformó en algo más, Daniel no podía dejar de pensar en ella, en sus ojos, en su voz, en sus bromas, él era un chico tranquilo, que planificaba su vida con cautela, en cambio ella era un huracán, de esos que no tienen rumbo y arrasan con todo lo que se les aparece en frente. Esa gran diferencia entre ellos fue lo que más lo enganchó, Samanta lo obligó a sentir, a vivir, a salirse de la raya y eso a él lo cautivó desde el primer momento.
Daniel estaba viviendo en un cuento de hadas, se sintió afortunado de haber encontrado al amor de su vida, pero, así como Daniel existían otros hombres que se encontraban embrujados por los encantos de aquella jovencita rebelde, inquieta y que vivía su vida al límite sin miedo a las consecuencias.
Y como el amor no lo puede todo, esa historia se disolvió con el tiempo, con las traiciones y con las distancias y a pesar de que fue una relación intermitente a lo largo del tiempo, no logró sobrevivir a tanto drama.
Samanta nunca fue sincera, solo se aprovechaba del poder que tenía sobre él y por eso entraba y salía de su vida las veces que quería, al fin y al cabo, Daniel siempre caía en su trampa. Ella lo envolvía con sus mentiras, lo perseguía a pesar de sus rechazos, nunca se rendía, disfrutaba la adrenalina que le causaba conquistarlo y hacerle creer que en esas escasas horas que compartían, él era todo su universo.
¡Sin embargo, la nefasta realidad era tan obvia! Daniel lo sabía, conocía su absurda y aburrida relación de más de 15 años en la que ella tenía el control y le perdonaban innumerables infidelidades y maltratos con tal de no perderla. Samanta siempre conseguía que las personas pierdan la cabeza y prefieran perder la dignidad antes que perderla a ella.
Daniel estaba tan enamorado de ella que hasta llegó a creer que después de esos largos 25 años de espera, al fin lo elegiría a él. Ella le mentía tan bien que él estaba dispuesto a dejar su vida entera, a mudarse a una casa nueva, a empezar de cero, a casarse si se lo pedía. Ilusionado como un adolescente, releía los mensajes, escuchaba los audios una y otra vez, miraba sus fotos y se ponía a imaginar cómo sería vivir el resto de su vida con ella.
Samanta era una experta en jugar con su mente, le juraba amor eterno y le exigía exclusividad a cambio de que volvieran, pero no era más que una obra bien montada para captar nuevamente la atención de Daniel. Su narcisismo nunca soportó tenerlo lejos y menos aún interesado en otra mujer. Así fue como día tras día las llamadas aumentaron, los mensajes subieron de tono, los encuentros amorosos fueron más frecuentes y el chantaje emocional se desbordó. Samanta fingía crisis de ansiedad y le dejaba mensajes a medianoche llorando, pretendiendo extrañarlo, con tal de que él no se arrepienta y mantenga su atención en ella.
Indudablemente, meses después, su plan siniestro daría resultado, Daniel perdió la razón y obedeció a su corazón, se entregó por completo a esa relación tóxica que solo era saludable en el mundo paralelo que ambos se habían inventado. Sus amigos le advirtieron, pero una vez más ya era demasiado tarde, Daniel había decidido volver con Samanta. Dejó atrás su pasado y le ofreció todo lo que ella quería: una casa, matrimonio, un perro y un final feliz.
Jamás imaginó que Samanta lo rechazaría nuevamente aduciendo que ella era una mujer comprometida y “enamorada” de su marido con quien jamás rompería su “relación perfecta”. Además, le recordó - como hace 5 años - que era él quien siempre confundía las cosas, cuando ella solo quería pasar un buen rato. Daniel perdón, pero no es mi culpa, yo jamás podría amarte de la misma forma. Lo miró con lástima y disfrutando del dolor que le causaba, solo mostraba satisfacción por haber conseguido lo que siempre quiso: que Daniel se quede solo y pensando únicamente en ella.
Aquellas palabras retumbaron en su cabeza, rompieron su corazón en mil pedazos, una vez más había caído en su juego, poco a poco sentía como su vida perdía sentido. A pesar de todo él la amaba, a pesar de todo él había idealizado a una mujer que nunca existió. Tratando de entenderla, la miró y le preguntó con voz entrecortada ¿Por qué? ¿Por qué nunca me elegiste a mí?
Samanta nunca supo responder su pregunta, mostrando indiferencia, se dio media vuelta y lo dejó solo, él finalmente, subió a su auto, atormentado, confundido, lleno de rabia. Su llanto era inmensurable y sintió como el alma se le iba haciendo pedazos lentamente, solo deseaba dejar de sentir ese gran dolor. Arrancó el coche por inercia, pisó el acelerador a fondo y se alejó raudamente, intentando huir de ella.
Meses después, por un amigo en común y por pura casualidad, Samanta se enteró que Daniel había muerto en un accidente de tránsito el día de su última conversación. Hasta hoy Samanta no puede dormir por las noches y desea retroceder el tiempo para poder confesarle su amor y pedirle perdón a pesar de todo el daño que le hizo. A pesar de todo yo te amaba Daniel, nunca supe cómo decírtelo, se repite una y otra vez■
Autor: Diana Cristina Bazán Zapata.





Vamos con todo Dianita desde ya felicitaciones 🎉
Una vez más, me sorprendes querida amiga, te felicito 🌹me encantó!!
Me encantó!
Di, me ha encantado. Está muy bueno.
Me encantó Diana, felicidades 🍾🎉