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Monchi I

  • 8 may
  • 3 Min. de lectura

RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «A PESAR DE TODO»



Nota para el lector: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Vota haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



A pesar de todo, Monchi no se comió su pastilla con forma de chocolate. Me dijo (en su idioma canino) que el chocolate le recordaba al fallecimiento de su amigo – Tobi Bigotes III, heredero del bastión de huesos en el norte, futuro rey de los perros capuchinos-, porque a Tobi lo envenenaron con chocolate en una de las pugnas de poder en el norte.


Es que Monchi es del norte, del Cono Norte, y siempre habla de sus travesías antes de venir a vivir con nosotros en el Cono Este. Le gusta recordar su anterior vida como una epopeya heroica y nos cuenta, con ladridos, su glorioso pasado.


Monchi voltea la mirada, evitando el desparasitante que debe tomar cada tres meses, porque este tiene forma de chocolate, y ladra: —No, a Tobi le dieron chocolate como ese y se murió; se murió entre escalofríos y con un dolor horrible, entre diarreas y fiebre mortal, como un vil perro callejero, sin abolengo ni alcurnia. Tobi murió entre su propia popó (en realidad ladró diciendo “mierda”, pero creo que “mierda” es una palabra muy malsonante para una schnauzer miniatura) y esa es una muerte indigna en el norte—, alejándose en dirección a la cocina, donde mi hermana preparaba la cena.


Entonces escucha el ruido del cucharón golpeando la olla y el chisporroteo del aceite con el aderezo. Se le encogen las orejas y se le posa la cola entre las piernas. —No…— dice tristemente, con los ojos melancólicos—. Es el sonido de los golpes en las armaduras cuando los pitbulls de las montañas nos invadieron a nosotros—, y viene hacia mí corriendo, se apoya en dos patas contra mi pierna y pide que la cargue, no con ladridos, sino con la mirada.


Recojo a Monchi y la reconforto en mis brazos. Ella me mira a los ojos y, entre sollozos, me dice en su idioma: —En el norte, la gran caída de los perros capuchinos se dio cuando nos invadieron los pitbulls de la montaña, justo después del fallecimiento de Tobi, en pleno vacío de poder, ya que no había más herederos, aparentemente—. Oculta su cabeza en mi axila y siento el frío húmedo de su nariz mientras Monchi tiembla. —Nos agarraron por sorpresa, treparon las torres y acabaron con cada perro capuchino que encontraron. Yo luché—, saca la cabeza para mirarme a los ojos otra vez y estira el cuello, como tratando de jalarme los hombros hacia ella, como si quisiera remarcar sus palabras —Yo luché contra ellos y sobreviví… Cuando acabé con el décimo pitbull de la montaña consecutivo, miré hacia atrás y solo vi desolación; yo era la única en pie y vi una jauría de pitbulls acercarse corriendo—.


Noto que Monchi ya no tiembla y la pongo en el suelo. Empieza a caminar hacia sus juguetes y sigue contando: —Corrí y me escondí entre la basura, me camuflé muy bien. Esperé como dos horas hasta que nadie me encontró y, entonces, salí discretamente de las murallas—,saca el pollo de juguete del fondo de su caja, dejando caer todo lo demás —Y entonces viví como exiliada…—.


Monchi empieza a mordisquear el pollo de juguete y el irritante sonido del rechinido hace eco en la habitación mientras espero que continúe su historia, pero Monchi no lo hace.


Me vuelvo a acercar con el desparasitante y entonces Monchi me ladra: —No… el chocolate no…—. Trato de meterle el chocolate en el hocico, pero ella se resiste. —¡No… basta!— ladra, desesperada—. En el norte me buscan… Me buscan porque los pitbulls acabaron con todos los herederos al trono de los perros capuchinos… Envenenaron a Tobi, antes mataron a su hermano Fido… y, ahora, la única heredera que quedó, cuya identidad es secreta, es la bastarda del padre de Tobi…—.


Entonces me alejo sorprendido, y miro a Monchi como diciendo: “No me digas que…”.

—Sí… La hija bastarda del anterior rey de los perros capuchinos y única heredera al trono soy yo… Monchi Capuchina I, la superviviente—, dice, parándose con orgullo y sacando pecho.


Entonces mi hermana sale de la cocina y decidimos juntos, ella y yo, arrodillarnos ante Monchi.



Autor: Jean Pierre J. Lugo Mamani.



2 comentarios


Invitado
hace 16 horas

Heróico, Solemne, fantástico, Monchi es la reina domadora de bípedos, colonizadora de los humanoides jajaja me encanta

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Invitado
hace 2 días

superrr!! ❤️

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