UN DÍA DE INVIERNO

★RELATO FINALISTA DEL PRIMER CONCURSO DE RELATOS PERUANOS «YO ESCRITOR» ★

Fotografía: Pixabay

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Mi mente hace un viaje en retrospectiva cada vez que el cielo se torna naranja.


El inicio de la noche me hace acordar a él.


Hoy me senté en silencio a disfrutar de una de las tantas imágenes que me vienen a la mente de cuando solíamos compartir conversaciones y madrugadas enteras.


Renato era un joven promesa promedio por donde lo vieras.


Ojos grandes y luminosos.


Defendía sus puntos de vista con convicción.


Cejas que bailaban al compás de las palabras que salían de su boca para remarcar cada oración.


Pero poseía la particularidad de resaltar de un gran grupo de personas porque tenia una sonrisa que bordeaba entre divertida y pícara, como si siempre estuviera ocultando una travesura, una sonrisa clásica que se le atribuye normalmente a los niños, aunque el ya estuviera en sus veintitantos.


Un día de invierno decidió pedirme mi número después de habernos cruzado en el ascensor como unas seis oportunidades.


Me acuerdo que se presentó y me dijo que había empezado a trabajar allí hace ya un mes y que ya que trabajabamos en el mismo edificio debería escribirle para un día de estos salir,fumarnos un pucho y caminar.


Pasó un promedio de un mes entre conversación y conversación después de haber intercambiado números.


Hablábamos de todo y dentro de ello estuvo incluida mi última historia amorosa con un chico con el que duré más de cinco años.


Fué un viernes que saliendo del trabajo camino a casa me puse a pensar en él. Cuando ya estaba cerca al paradero caminé a paso lento para ver si podía cruzarmelo, pero no apareció, entonces llegué, me metí a la cama y sólo opté por escribirle un buenas noches por whatsapp.


No podía dormir así que me levanté a la mitad de la noche, eran como las dos creo y le escribí que venga, solo puse "ven ahorita".


Eso fué lo último que le escribí antes de quedarme profundamente dormida y olvidarme por completo que sin querer queriendo lo había invitado a venir a mi casa a verme.


Me levanté sobresaltada a las 6am.


Vino a mi mente ese último mensaje, me sentí estúpida.


Seguro creyó que estaba bromeando, pensé.


Y si.


Estaba equivocada.


Después de tomar coraje para abrir los mensajes, encuentro un audio y una imagen del parabrisas de su carro empapado en lluvia. En el audio me relataba como tomo mi mensaje muy en serio y que justo ese día sentía que debía estar conmigo, que la lluvia lo había agarrado en medio del tráfico,así que vino de camino a mi casa y se quedó allí fumando hasta que paró la lluvia, luego se quedó dormido esperando que le conteste.


La imagen mental de él esperando en ese tipo de circunstancias, donde cualquiera solamente se marcharía me sorprendió de buena forma y decidí luego buscar como compensar este tan desafortunado gesto romántico.


Pactamos un día para nuestra primera cita.


No queríamos comer.


No queríamos ir al cine.


Queríamos quitar cualquier distracción de por medio y sólo enfocarnos en conocernos, preguntarnos todas esas cosas de las que ambos sentíamos curiosidad.


Elegimos ser espontáneos.


Nos encontramos cerca del trabajo en Surco, afuera de un supermercado muy conocido, me había contado antes sobre su auto, uno antiguo de colección de los años 70 color blanco,al cual llamaba La Vieja Gloria y desde entonces tenía muchas ganas de conocer como lucía en vivo.


De pronto pasó la hora y cuando llegó me envió una foto del paradero y yo ya lo había visto voltear y me quedé un rato observándolo por la ventana abierta del carro, como me había dicho que no veía bien a la distancia supuse que podría jugarle una broma y hacerlo esperar un poco para ver su reacción.


Lo ví esperar el mensaje mientras acomodaba su pelo negro ondulado hacia atrás y levantar sus bigotes hacia arriba. Llevaba una camisa azul de manga larga con puntos blancos pequeños que había remangado hasta la mitad de sus codos.


Después de 5 minutos le mandé la foto de su carro en el paradero y sonrió.


Caminé hacia él y me recosté sobré la ventana de copiloto que estaba abierta y le dije hola.


Me respondió con un hola tímido pero con una sonrisa muy feliz y entonces me senté a su costado.


Después de mirar atento al camino por un rato me preguntó hacia donde quería ir


Manejaba y me miraba, los labios en particular, y yo festejaba dentro mío por haber elegido ese tono rojo que sabía que a él le gustaba. Decidimos ir al parque de la vuelta a tomar unas latas de cerveza que le quedaban en el carro y fumar un rato mientras nos conocíamos más.


Después de un par de latas pasamos el tiempo notando detalles de cada uno de nosotros, pero de una manera nada invasiva, porque para mí fué como ir descubriendo su rostro con mis manos, las pasaba por su barba como dibujándola, y allí descubrí gracias a una confesión entre risas que le gustaba que le jalaran ambos bigotes porque lo relajaban por completo, así que hice el ademán de jalar con fuerza y solo tiré despacio de ellos, lo que terminó en una gran carcajada de él.



Luego cerró los ojos disfrutando la sensación de mis manos sobre él y descubrí también que tenía pestañas muy largas y las trazé con las yemas de los dedos.


Después de un rato empezó a llover y se puso una chompa de colores a rayas que le daba un aspecto de niño hombre,se lo dije y la idea le gustó,me afirmó que justo estaba en el límite de ser un niño y ser un hombre.


Ahora me tocaba a mí.


Así que con ambos dedos cerró mis ojos y me pidió que los mantuviera así.


Empezé a reir porque sentía que me observaba y sus dedos se deslizaban por mi rostro y de pronto todo mi cuerpo respondía.


El corazón que latía fuerte.


Mis manos quietas que querían seguir trazandolo con los dedos.


Luego se detuvo. Se acercó a mí y sentí su aliento por unos segundos muy cerca a mí. Abrí los ojos y retrocedió.


Luego de esta sutil provocación, le dije que cerrara los ojos y que esta vez no haga trampa.


Cerré yo también los ojos y luego moví mis dedos por su boca de arriba hacia abajo.


Cuando abrió los ojos pasó sus dedos por mis labios imitándome y luego me besó.


Me quedé un rato sonriéndole y mirando atenta su siguiente movimiento.


Se acercó nuevamente y lo hizo con más intensidad.


Estuvimos en la misma sintonía y nos besamos en medio de los dos asientos,luego el se pasó a mi asiento para estar más cómodos y pasamos así como dos horas.


Después notamos que el carro se había empañado por completo así que abrimos las ventanas de adelante y saqué mi cabeza mirando hacia arriba mientras el resto de mi cuerpo estaba recostado sobre su pecho.


La lluvia había dejado un aire fresco en el ambiente y de las hojas de un árbol alto cayó una gota en mi frente y me sentí despierta, prendida, como si me hubieran puesto las paletas de electroshock en el pecho.


Metí la cabeza y me pasó un cigarrillo.


Luego riéndose prendió uno él.


Se pasó los dedos por el cabello y lo acomodó nuevamente hacia atrás.


Terminé de fumar y luego le quité el suyo.


Me quedó mirando.


Luego se lo devolví y lo coloqué entre sus labios nuevamente.


Me dijo que quería quedarse allí en el carro y que afuera ya era una realidad paralela. Le dije que ya era tarde y que teníamos trabajo mañana.


Antes de bajar me recosté en su hombro y le di un beso en medio de la frente.


Todo lo que sucedió esa noche fué una especie de cortocircuito y se sintió como tomar una gran bocanada de aire después de correr en la gran maratón que suele ser la vida.


Desde ese entonces cada vez que voy de camino al trabajo y paso por esa bajada donde él solía estacionarse se me remueve pronto el pecho y junto con él el resto de la cabeza.


A veces las historias no necesitan ser largas para cambiar algo dentro de tí.


Yo rompí el corazón de Renato en algún momento y él rompió el mío después de un tiempo.


La historia completa de nosotros me la quedo para mí sola y me la repito cuando necesito creer en algo.


A veces no me doy cuenta y hago el mismo ademán del cigarro con la mano caída hacía abajo.


A veces menciono tu nombre en alguna anécdota.


Y a veces me deslizo por la vida permitiéndome sentir libremente como tú quisiste que siempre sienta.


Y siento que desde lejos aplaudes cada vez que suelto más la cuerda y me permito saltar a la piscina como tú lo hiciste.


A ciegas.


Pero con la confianza que sabré nadar cuando más lo necesite ■



Autora: Antonella Gutierrez Cuentas.





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